22/04/2026
La iniciativa, que se desarrolla en Urgencia y Pabellón y pronto se extenderá a la Unidad de Paciente Crítico, fortalece el trabajo en equipo, la toma de decisiones y la seguridad en la atención.
La simulación clínica se ha consolidado como una herramienta clave en la formación de los equipos de salud, al permitir recrear escenarios reales en un entorno seguro. Este modelo de aprendizaje expone tanto a estudiantes como a profesionales a situaciones de alta complejidad, fortaleciendo el desempeño clínico, la toma de decisiones y el trabajo interdisciplinario.
Así lo explica Ximena Herrera, enfermera supervisora de la Unidad de Rescate, quien lidera esta iniciativa en el Servicio de Urgencia. El programa comenzó el año pasado e incluye simulaciones en el box de reanimación, donde equipos compuestos por médicos, enfermeros y técnicos enfrentan casos clínicos estructurados, como reanimaciones cardiopulmonares.
Cada ejercicio dura aproximadamente 10 minutos y es seguido por un espacio de debriefing, donde se analizan las acciones realizadas, se identifican oportunidades de mejora y se refuerzan los aprendizajes. Permite anticiparse a los errores, mejorar los procesos y asegurar que, cuando ocurra una situación real, el equipo actúe de forma coordinada y segura.
“Es una de las formas más reales de aprender, ya que permite trabajar con los mismos insumos, tiempos y dinámicas que se viven en una atención clínica”, destaca Ximena. Además, subraya que este modelo ha permitido observar equipos más cohesionados, con mayor claridad en sus roles y mejor coordinación frente a situaciones críticas.
Dentro del equipo, está Juan José Figueroa, enfermero de Rescate, quien tiene un papel primordial en la coordinación. Según comenta, “se espera que este sea un espacio de entrenamiento activo y participativo, donde los equipos puedan practicar y reflexionar sobre situaciones clínicas en un entorno de confianza que entienda el error como parte del aprendizaje”.
La simulación clínica también se desarrolla en pabellón. Christian Fajardo, coordinador perfusionista, explica que “promueve el pensamiento crítico y la validación de competencias, especialmente en contextos complejos como el soporte vital extracorpóreo”. En estos casos, el entrenamiento permite formar equipos preparados para enfrentar complicaciones con mayor seguridad y coordinación.
Fajardo enfatiza que, si bien la simulación es clave, no reemplaza la formación teórica ni las habilidades propias de cada disciplina, sino que las complementa, potenciando el desempeño colectivo.
Desde la gestión clínica, María José Araya, enfermera jefe de la Unidad de Paciente Crítico, comenta que próximamente se iniciará la simulación en su área. Esperan que esta práctica contribuya a mejorar la eficiencia en la respuesta ante situaciones críticas, muchas veces determinadas por el nivel de entrenamiento de los equipos. En ese sentido, destaca que estos espacios permiten fortalecer no solo habilidades técnicas, sino también competencias como liderazgo, empatía y control emocional.
Asimismo, señala que el objetivo es avanzar hacia un programa continuo de simulación, integrado al desarrollo permanente de los equipos de salud. “Esto impacta directamente en la seguridad y calidad de la atención, pero también en la confianza y en la percepción de trabajo bien hecho dentro del equipo”, afirma.
De esta manera, el Programa de Simulación Clínica busca consolidarse como un pilar en la formación y desarrollo de los equipos, promoviendo una cultura de aprendizaje continuo y contribuyendo a una atención más segura, eficiente y centrada en el paciente.
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