22/04/2026
Desde el primer contacto, el equipo de enfermería de los programas preventivos oncológicos orienta, coordina y acompaña a los pacientes, asegurando continuidad y cercanía en cada etapa.
Como Clínica, sabemos que el cuidado no comienza con un diagnóstico. Muchas veces empieza antes: con educación clara, orientación oportuna y seguimiento constante. Así lo viven día a día las enfermeras de los Programas Preventivos de Cáncer, donde la prevención se transforma en una forma concreta de cuidar.
Para Sofía Ibáñez, enfermera coordinadora del área, la motivación ha sido clara desde el inicio: “soy una convencida de que la prevención y la detección precoz son el futuro”. Una convicción que también comparte Yohana Arriagada, enfermera clínica del equipo.
Los programas preventivos oncológicos —mama, pulmón, cervicouterino y colon— están dirigidos a personas sanas, sin síntomas, que buscan adelantarse a la enfermedad. El principal canal de ingreso es la página web, donde los pacientes pueden informarse, evaluar si cumplen con los criterios e inscribirse.
A partir de ese momento, comienza un proceso de acompañamiento cercano: el equipo de enfermería contacta al paciente, explica el programa, orienta sobre los exámenes más adecuados y coordina cada etapa. Detrás de cada ingreso hay un trabajo detallado de evaluación, educación y seguimiento.
Cuando se detecta un resultado alterado, el acompañamiento se intensifica. El equipo se mantiene en contacto después de exámenes o biopsias, monitorea cómo se siente el paciente y asegura la continuidad de la atención, coordinando controles y derivaciones cuando es necesario. Si el caso requiere cirugía, se articula el traspaso a la enfermera navegadora quirúrgica.
“Lo que buscamos es que nadie se quede sin entender un resultado o los pasos a seguir”, explican Sofía y Yohana. Es un trabajo constante —muchas veces telefónico— donde se construye confianza incluso antes del encuentro presencial.
En los casos en que se confirma un diagnóstico, este acompañamiento se vuelve aún más relevante. “Algunas de las habilidades clave para desempeñar este rol son la empatía y el conocimiento de cómo funciona la Clínica, para lograr derivaciones oportunas”, señala Sofía. El objetivo es también fomentar la adherencia a los controles y exámenes preventivos.
Un trabajo en equipo que sostiene el proceso
Este modelo se apoya en un trabajo colaborativo con oncología, ginecología, especialidades médicas, imágenes y toma de muestras. La coordinación entre estos equipos permite dar continuidad, seguridad y claridad en cada etapa del proceso.
Uno de los avances recientes es la incorporación del programa Pre-Cervicouterino, donde actualmente se acompaña a cerca de 100 pacientes, muchas de ellas con exámenes alterados o dudas pendientes. Desde el primer contacto, el equipo orienta, coordina la atención con ginecología y asegura un seguimiento continuo hasta el cierre de cada caso.
Incluso cuando los resultados son normales, el compromiso se mantiene en el tiempo. Por ejemplo, en pacientes con VPH negativo que requieren control a tres años, el equipo se encarga de retomar el contacto en ese plazo para agendar la consulta correspondiente.
Para Sofía y Yohana, este es un trabajo muchas veces silencioso, pero con un impacto profundo. Detectar a tiempo no solo mejora el pronóstico, sino que también abre una puerta de tranquilidad y esperanza para los pacientes.
En cada llamado, en cada coordinación y en cada seguimiento, este equipo demuestra que prevenir también es cuidar. Una forma de hacer medicina donde la excelencia técnica y la humanidad van de la mano.
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