1 de nov 2018
Consiste en una disminución del arco del pie y es muy común en niños menores de cinco años.

Con esta patología, el pie cambia su forma de manera progresiva, y muchas veces, no genera síntomas. Además de presentarse en menores, también puede desarrollarse entre los 50 y 70 años.

El Dr. Cristián Ortiz, traumatólogo de tobillo y pie de Clínica Universidad de los Andes, explica que el pie plano tiene diferentes causas “entre ellas neuromusculares, secundarias a un trauma y malformaciones congénitas. La más común es la insuficiencia del tibial posterior, y se debe a un desgaste de las estructuras de soporte. En estos casos se rompe un tendón y ocurre un aplanamiento progresivo del arco”.

Existen tratamientos como las plantillas, que deben ser de materiales blandos, con memoria elástica y no muy voluminosa, para evitar comprimir el pie dentro del zapato. Sin embargo, estas no influyen en cambiar la forma del pie y su uso sólo está indicado para disminuir molestias. Incluso, un 50% de las personas sigue empeorando y requiere cirugía. Se trata de un incómodo problema, que además de generar dolor, impide la libertad de movimientos para la marcha. En los casos más complejos, hay personas que no pueden caminar ni apoyar el pie por el malestar.

El especialista indica que “esta patología es diferente a quiénes han tenido pie plano toda la vida, ya que muchas veces no presentan síntomas, y por lo tanto, tampoco necesitan tratamiento. Con respecto a algunos factores predisponentes que pueden influir en el pie plano, destaca la obesidad, ya que la sobrecarga de peso dirigida a los pies aumenta la molestia y el dolor, síntoma que se desata al caminar o estar de pie por mucho tiempo. Otras manifestaciones son molestias al ponerse en puntillas y una desviación hacia el lado del talón”.

Con respecto a la cirugía para corregir esta patología, se realizan incisiones pequeñas entre dos huesos del pie, el calcáneo y astrágalo, para corregir la deformidad. En relación a los cuidados de deportistas, actualmente existen “zapatillas específicas para cada una de estas deformidades, pero la mayoría de los pacientes requieren una zapatilla neutra y, eventualmente, una plantilla para controlar molestias”, indica el Dr. Cristián Ortiz.

Lo importante es ser precavidos y acudir a un especialista, ya que entregará el tratamiento más adecuado para evitar dolor y otros inconvenientes.

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Dr. Cristián Ortiz Mateluna

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