Displasia a la cadera: diagnóstico y tratamiento

1 de cada 3 recién nacidos presenta cierto grado de inestabilidad de la cadera que puede llegar a constituir una displasia.
04/11/2020
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La displasia de cadera en bebés es una de las malformaciones congénitas más frecuentes y se produce cuando la cabeza del fémur y la cavidad de la pelvis (cotilo), no se desarrollan correctamente, generando una incongruencia y/o un desplazamiento anormal para cuyo tratamiento es fundamental la detección precoz.

El Dr. Mauricio Vergara, traumatólogo pediátrico, explica que la displasia de cadera, recibe actualmente entre otros el nombre de Displasia Luxante de la Cadera (DLC), para hacer notar que se trata de una patología que evoluciona durante el desarrollo de la cadera, es decir, antes y después del nacimiento.

Algunos factores que elevan el riesgo de presentar esta enfermedad son los siguientes:

  • Factores hereditarios

  • Factores mecánicos, que dicen relación entre continente (disminución verdadera y/o relativa del útero grávido y sus estructuras) y contenido (aumento verdadero y/o relativo del feto) actuando sobre la cadera, por ejemplo:

             - Bebés nacidos en posición de nalgas.

            - Macrosomía (guagua grande).

            - Trastornos del sistema musculoesquelético.

            - Disminución del líquido amniótico en el útero

           - Primogénita mujer

Otros elementos que se han asociado a DLC incluyen anomalías ortopédicas de las extremidades inferiores, sean congénitas o del desarrollo, como astrágalo vertical, pie bot, etc.

“La DLC es una enfermedad evolutiva en el tiempo, por lo que un examen normal en el período de recién nacido inmediato no permite descartar por completo la presencia de esta patología. Sin embargo, la mayoría de los casos más severos se presentan en el período neonatal y solo ocasionalmente se manifiestan en forma tardía, por lo que el diagnóstico lo puede realizar precozmente el neonatólogo durante el examen físico del recién nacido”, señala el Dr. Mauricio Vergara.

Esta enfermedad se puede detectar también con una ecografía de cadera antes de los 3 meses, o con una radiografía de pelvis a los 3 meses, especialmente en los niños con factores de riesgo.

Esta enfermedad se puede resolver en los primeros años de edad, es por eso la importancia de un diagnóstico precoz e inicio de tratamiento antes del séptimo mes de vida.

El tratamiento de la displasia de cadera va a depender del grado de malformación que sufra el bebé y deberá ser indicado por un traumatólogo con experiencia en tratamiento de esta patología, pero en líneas generales considerará lo siguiente:

  • Mantener la cabeza del fémur bien firme y adecuadamente orientada en su lugar durante el período de tiempo que el especialista considere conveniente. Antiguamente se recomendaba el uso de doble pañal, pero eso se ha descartado pues actualmente existen en el comercio elementos ortopédicos especialmente diseñados para que las piernas se mantengan abiertas en forma correcta y segura, como son el cojín de abducción y arnés de Pavlick.
  • En caso de que la displasia se diagnostique en un estado más avanzado o tardíamente, puede requerirse el uso de yeso o férula de abducción.
  • Si la displasia no puede ser corregida por medios ortopédicos, la cirugía es otra de las alternativas recomendada por los especialistas, como última solución.

Si no se realiza un adecuado tratamiento de la displasia, la formación de la articulación de la cadera no se desarrollará adecuadamente y el niño comenzará a presentar complicaciones como son claudicación (cojera) y/o dolor al caminar.

Este artículo se desarrolló con la colaboración del Dr. Mauricio Vergara, traumatólogo pediátrico de Clínica Universidad de los Andes.

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