Fuerte dolor lumbar la dejó en silla de ruedas

Mónica Rubio está casada hace 56 años. Tiene tres hijos y 10 nietos. Siempre trabajó, pero hoy está retirada, dedicada a su casa, su marido y familia.
04/11/2020
Desde hace muchos años que tiene artrosis y hace más de 30 que fue operada de la columna cervical. Cuenta que quedó muy bien pero que “con los años se ha ido deteriorando, primero la columna cervical y luego la columna lumbar”.

En junio de este año, cuando se encontraba de viaje junto a su marido, comenzó con fuertes dolores. “En la mañana me costaba mucho levantarme de la cama. Tenía dolor, pero podía moverme. Comenzaba a caminar y después de un rato el dolor bajaba”, explica Mónica.

Al volver de sus vacaciones, el dolor se hizo cada vez más fuerte. Mónica cuenta que “en la noche, el dolor me agarraba desde la cintura, la nalga, los muslos hasta los tobillos, por toda la parte de atrás de la pierna, no tenía posición para dormir. Dormía para un lado y sentía dolor, me cambiaba y lo mismo. Tenía que tratar de dormir con las dos piernas levantadas y de espalda. En la noche no descansaba y en la mañana me levantaba y me tenían que ayudar en todo, estaba en silla de ruedas”.

Un día el dolor fue tan agudo que ya ni siquiera podía apoyar sus pies en el suelo, por lo que llegó a la Urgencia de Clínica Universidad de los Andes.

“El dolor era tan intenso que no podía caminar. Lo estaba pasando mal. No podía hacer mi vida normal. Estaba completamente impedida en todo sentido”, recuerda Mónica.

El equipo encabezado por Dr. Juan Pablo Rodríguez y el Dr. Lyonel Beaulieu, le diagnosticaron un dolor lumbociático izquierdo severo e invalidante, producto de una severa estrechez del canal raquídeo en el segmento L4 L5. “Se decidió hospitalizarla para realizar un adecuado tratamiento del dolor y los estudios de su columna para definir un tratamiento adecuado”, cuenta el Dr. Lyonel Beaulieu.

Durante la semana que estuvo hospitalizada, a Mónica se le realizó un bloqueo facetario, un bloqueo radicular selectivo L4 L5 izquierdo y una infiltración, tratamiento no quirúrgico que logró aliviar el problema.

“Salí de la Clínica caminando y sin dolor. No estoy impedida, no estoy inválida, no estoy en silla de ruedas, puedo hacer de todo, estoy impecable.”, concluye Mónica.

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