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Clínica Universidad de los Andes / Noticia

Los niños también pueden sufrir trastornos alimenticios

Tratarlos de forma temprana, puede ser determinante en el desarrollo emocional del niño, en la construcción de vínculos y en su autoestima.
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La alimentación saludable y equilibrada es un hábito que idealmente se debe adquirir a temprana edad. Pero también es muy importante el entorno social, el apego temprano y un ambiente psicológicamente sano que repercutirá a futuro en su estado emocional.

No sólo las personas adultas sufren trastornos alimenticios, los menores también pueden padecerlos. Generalmente son niños con altos niveles de autoexigencia, con evidente ansiedad y perfeccionistas. Otro de los factores que pueden influir, es la necesidad de aceptación externa por parte de los compañeros de curso y del propio entorno familiar. La Dra. Mariana Hevia, Nutrióloga Pediátrica de Clínica Universidad de los Andes, asegura que “muchas veces estos niños fueron víctima de bullying por su condición física en el colegio, o sin querer, son los propios padres o hermanos quienes traspasan esa inseguridad con apodos y la preocupación constante por el peso y la comida”.

La Dra. Mariana Hevia nos detalla los tres trastornos alimenticios más comunes:

Anorexia Nerviosa: Existen varias razones que pueden provocar esta enfermedad, algunas psicológicas como soledad, bullyng, relación conflictiva con los padres. Sin embargo, siempre es necesario descartar causas orgánicas, ya que muchas enfermedades provocan inapetencia.

Dentro de las características de esta condición están: La restricción del consumo de energía que lleva a un peso corporal marcadamente bajo, inferior al mínimo normal para niños y adolescentes; miedo intenso a ganar peso o convertirse en obeso, incluso estando por debajo del peso normal; alteración de la percepción de la silueta corporal.

Bulimia Nerviosa: Se caracteriza por una obsesión por la comida y la necesidad de comer en exceso en forma de atracón, generalmente a escondidas y en cantidades exageradas a las que la mayoría de las personas podrían consumir en el mismo período de tiempo. Luego de este episodio, y a causa del cargo conciencia, se recurre a conductas inapropiadas como vómitos autoprovocados, el uso de laxantes y diuréticos, el ayuno o el ejercicio excesivo.

Trastorno de atracones: En este trastorno los niños comen con ansiedad y descontrol, grandes cantidades de alimento, generalmente comida chatarra. Suelen tener obesidad o sobrepeso.

Algunas de las señales a las que se debe estar alerta:

  • Pérdida o aumento de peso pronunciado y preocupación constante por la talla.
  • Cambio de hábitos alimenticios o evidente rechazo a la comida
  • En el caso de los niños más grandes, exceso de actividad física
  • Conductas ansiosas, depresivas, aislamiento
  • Visitas frecuentes al baño
  • Cambios en la piel, dientes y cabello

Además de los problemas emocionales que estos trastornos generan, existen fallas orgánicas que el niño puede padecer, tales como:

  • Problemas en el crecimiento
  • Reflujo gastroesofágico
  • Dolor abdominal constante
  • Problemas en su integración social

Por todo lo anterior, es importante que a la mínima sospecha de trastorno alimenticio en un menor, los padres acudan al pediatra para descartar deficiencias nutricionales en el organismo, que estén generando estas conductas. Una vez descartadas, se debe comenzar el tratamiento con los especialistas que cada caso requiera.

El tratamiento es multiprofesional y abarca la labor de psiquiatras, nutriólogos, psicólogos, nutricionistas y terapeutas ocupacionales. Es importante involucrar a la familia en el tratamiento y se recomienda asistir a un control semanal con nutricionista y psicólogo.

La Dra. Mariana Hevia, destaca que “es fundamental el apoyo de todo el grupo familiar, comenzando por la comprensión, sin juzgarse como padres y en ningún caso, al niño”.

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