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Hepatitis C

La hepatitis C es una infección que causa inflamación del hígado que frecuentemente tiene una evolución a la cronicidad con riesgo de mortalidad. Puede generar hepatitis crónica, cirrosis e incluso cáncer hepático cuando la enfermedad está avanzada. Es provocada por el virus de la hepatitis C, que se transmite principalmente por vía sanguínea, pero también por vía sexual en menor medida.

  • Haber recibido transfusiones sanguíneas previo al año 1996
  • Realizarse tatuajes en lugares no autorizados
  • Consumir drogas endovenosas
  • Tener contacto sexual con una persona infectada o hijos de madre con infección por virus C
  • Pacientes con problemas sanguíneos (hemofilia y otras enfermedades de la sangre) sometidos a transfusiones frecuentes
  • Pacientes en diálisis crónica
  • Pacientes infectados del virus de inmunodeficiencia adquirida (VIH)
  • Personas que trabajan en salud que sean sometidas a algún accidente cortopunzante

Se recomienda evitar los factores de riesgo antes señalados y realizar a todas las personas mayores de 45 años y más un testeo, al menos, una vez en su vida (Ministerio de Salud 2019) y más frecuentemente en aquellos con mayor riesgo.

A diferencia de otros las hepatitis provocadas por los virus tipo A y B, esta infección viral no cuenta hasta ahora con vacuna para prevenir su contagio.

Esta patología puede ser asintomática o presentar síntomas recién años después de la infección, cuando la enfermedad está avanzada.  Puede producir síntomas como:

  • Malestar general
  • Fatiga
  • Falta de apetito y náuseas
  • Pérdida de peso
  • Color amarillento en piel y ojos (ictericia)
  • Sangrado (hemorragia) por el tracto digestivo o hematomas
  • Orina de color oscuro
  • Acumulación de líquido en el abdomen (ascitis)
  • Hinchazón en las piernas (edemas)
  • Confusión, somnolencia y dificultad en el habla (encefalopatía hepática)
  • Lesiones en piel como arañas vasculares en cara y tórax (telangiectasias) y coloración rojiza en las palmas de las manos 

    La eliminación de este virus logra evitar el avance de la enfermedad y la muerte. El tratamiento es farmacológico, por un período de tiempo limitado, altamente eficaz y muy bien tolerado en general. Hoy en día existe la posibilidad de tratamiento con antivirales orales que logran la eliminación del virus en más del 95% de los casos. 

    Trasplante de hígado: en ocasiones, el virus causa un grave daño hepático y cirrosis siendo necesario un trasplante de este órgano.

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