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Sarampión

El sarampión es una enfermedad viral muy contagiosa que se caracteriza por la presencia de fiebre, conjuntivitis, secreción nasal y dolor de garganta. Acompañados de manchas rojas en la piel que comprometen al rostro, cuello, manos y pies. En esta etapa, la enfermedad puede empeorar y se complica con bronquitis, neumonía o encefalitis.

Se estima que el 90% de las personas no vacunadas, puede desarrollar sarampión al estar en contacto con alguien contagiado. En la mayoría de los casos, esta patología se presenta en preescolares, adolescentes, adultos jóvenes y en individuos que no estén inmunizados con la vacuna. Pero, los cuadros más graves de sarampión se dan en lactantes menores de un año (quienes necesitan estar rodeados de personas vacunadas para estar protegidos).

Para prevenir el sarampión se aplican dos dosis de la vacuna Tres Vírica (sarampión, paperas y rubéola): a los 12 meses y a los 6 años (primero básico).

Los síntomas del sarampión aparecen entre 10 y 14 días después de la exposición al virus (el período máximo de incubación es 7 a 21 días) y varían según cada persona. Los síntomas más comunes son:

Fiebre alta, que puede durar siete días.

Conjuntivitis.

Bronquitis y dolor de garganta.

Tos seca.

Manchas blancas en el revestimiento interno de las mejillas.

Dolor muscular.

Manchas rojas (exantema) en la piel que comprometen al rostro, cuello, manos y pies.

Las complicaciones descritas en niños menores incluyen otitis media aguda (5 a 15%), neumonía (5 a 10%), laringitis obstructiva y ocasionalmente diarrea aguda.

 

La causa del sarampión es el virus de la familia de los Paramyxovirus del género Morbilivirus. Aproximadamente, el 30% de los niños desarrolla una o más complicaciones, siendo más frecuentes en menores de 5 años.

Este virus es altamente contagioso y se contrae por medio de la inhalación de gotitas de saliva o por el contacto directo con la saliva de una persona infectada. Estas gotas infectadas pueden permanecer activas durante varias horas sobre una superficie o en el aire. Por lo que es importante lavarse las manos y evitar tocarse la boca, la nariz y los ojos.

El período de transmisibilidad está comprendido desde dos a cuatro días antes del inicio del exantema y hasta cuatro días después de la aparición del mismo, siendo el período inicial de compromiso respiratorio alto el de máxima contagiosidad, por la tos tan importante existente. 

 

El diagnóstico del sarampión se realiza por medio de los signos visibles como el sarpullido (exantema) y las manchas blancas en el interior de las mejillas. También se puede realizar un examen de sangre para confirmar la causa del sarpullido.

No existe un tratamiento específico para esta infección y con mayor frecuencia los pacientes se recuperan en 14 o 21 días. Sin embargo, se deben tomar medidas para proteger a las personas vulnerables que se han expuesto al virus. Esta enfermedad es de notificación obligatoria por parte del personal de salud, ya que es muy importante evitar que ocurran brotes dentro de la población.

Dentro de las primeras 72 horas de ocurrida la exposición al virus, se puede administrar la vacuna contra el sarampión a personas que no estaban vacunadas o tenían sólo una dosis. Si de todas formas la enfermedad se manifiesta, esta suele presentar síntomas más leves y menor tiempo de duración.

Las mujeres embarazadas, lactantes y personas con sistema inmune débil que se exponen al virus, pueden recibir una inyección de anticuerpos (inmunoglobulina sérica). Cuando esta inyección se administra dentro de los seis días tras la exposición al virus, los anticuerpos pueden ayudar a disminuir los síntomas o prevenir la enfermedad.

Se recomiendan la ingesta de medicamentos de venta libre para aliviar la fiebre, como el ibuprofeno o el paracetamol, un adecuado apoyo nutricional e hidratación. En caso de contraer una infección bacteriana, neumonía o una infección del oído, se recetan antibióticos y se administra vitamina A en niños mayores de un año con déficit de esta vitamina, para reducir la gravedad de la enfermedad.

Se sugiere no dar aspirina a niños y adolescentes y siempre consultar al médico ante la sospecha de contacto con alguna persona que haya llegado recientemente al país o de viaje reciente.

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