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Clínica Universidad de los Andes / Noticia

“Fue difícil asumir que existían riesgos”

Con 48 años de edad, tuvo que estar cuatro meses en cama durante su embarazo, debido a que presentó un grave cuadro de asma que le impedía, incluso, caminar.
04/11/2020
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Alejandra Venegas es ingeniero civil, está casada y tiene tres hijos. Max tiene 13 años, Mijal de 11, y Dana, que sólo tiene diez meses. La llegada de Dana fue sorpresiva para su familia, y también para Alejandra, quien con 48 años debía vivir nuevamente otro embarazo.

Antes de que le confirmaran que estaba esperando guagua, pensaron que los síntomas que tenía podían ser signos de menopausia. A los dos meses y medio de gestación, se dieron cuenta de que estaba embarazada. 

“Me asusté mucho, se me pasaron muchas cosas por mi cabeza. Fue un remezón, y mi marido fue una gran contención porque nunca pensé ser mamá a los 48 años. Siempre he sido muy positiva, pero fue difícil asumir que existían riesgos, a diferencia de mis embarazos anteriores”. 

Si bien su embarazo se desarrolló con normalidad, Alejandra sufrió asma desde el tercer mes, tanto así que tuvo que hacer reposo absoluto por cuatro meses. “Estuve mal, tenía muchas pulsaciones por minuto, y hasta podría tener un paro cardiorrespiratorio en cualquier momento. No sabían si iba a ser capaz de aguantar las contracciones y condiciones del parto. No podía moverme, caminar, ni hablar porque me agitaba mucho”, cuenta Alejandra. 

El Dr. Enrique Oyarzún, ginecólogo de Clínica Universidad de los Andes, explica las complicaciones que se pueden dar con un embarazo después de los 48 años. “Existe mayor riesgo de pérdidas reproductivas (aborto), embarazo ectópico, anomalías cromosómicas fetales, parto prematuro, restricción de crecimiento fetal, y más posibilidades de que en el embarazo coexistan patologías médicas preexistentes como la diabetes, hipertensión arterial y enfermedades cardiopulmonares”.  

De hecho, la mortalidad materna, al igual que otros indicadores maternos y neonatales, empeora en edades avanzadas de las madres. Sin embargo, ese riesgo nunca es tan alto como para evitar el embarazo.  “El control prenatal adecuado es la medida más importante para reducir estos riesgos”, explica el Dr. Oyarzún.  

En el caso de Alejandra, tuvo que realizarse más ecografías que en sus otros embarazos, y los exámenes se enviaron a Estados Unidos para descartar enfermedades genéticas que podían darse por su edad. “En los exámenes no tuve miedo y siempre pensé que mi hija iba a estar bien”. 

Con respecto al asma que presentó Alejandra, el especialista indica que “es la complicación respiratoria más frecuente en mujeres embarazadas. Si bien un tercio de ellas se mejora durante la gestación, el mismo porcentaje se agrava. Alejandra requirió uso de corticoides, entre otros medicamentos, que no se utilizan siempre en el embarazo y cuyo uso crónico exige también cuidados especiales en el parto”. 

A pesar de que en un principio la noticia de la llegada de Dana fue sorpresiva para los hijos de Alejandra, con el paso del tiempo se fueron entusiasmando con la llegada de su hermana. “En un principio fue complicado no sólo para ellos, sino que también para mi entorno, que no creía que estaba embarazada y pensaban que era una locura total. Hoy todos están felices.” 

Actualmente Dana tiene 10 meses y Alejandra sigue activamente con la lactancia materna. “Siento que este embarazo fue un verdadero regalo y un premio. A esta edad sé que el tiempo no es infinito, por lo que estoy tratando de capturar todos los momentos que estamos viviendo y cuidándome mucho para poder verla crecer”. 

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