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Trastorno del Espectro Autista (TEA)

Actualización al 2020

El Trastorno del Espectro Autista (TEA) es una condición del neurodesarrollo que afecta la manera en que una persona se comunica, interactúa socialmente y procesa ciertas experiencias del entorno. Se caracteriza por patrones de conducta, intereses o actividades restringidas y repetitivas. Sus manifestaciones suelen aparecer en los primeros años de vida y pueden influir en el desempeño social, escolar, laboral y cotidiano de la persona.

¿Cuáles son las causas del TEA?

Las causas del TEA no se conocen completamente, pero se considera que existe una combinación de factores multifactoriales.

  • Factores genéticos: el TEA puede asociarse a mutaciones hereditarias o espontáneas y, en algunos casos, a síndromes genéticos específicos.
  • Factores ambientales: actualmente se investiga si ciertos factores, como infecciones virales, exposición a algunos medicamentos durante el embarazo, complicaciones perinatales o contaminantes ambientales, podrían influir en su desarrollo.

¿Cuáles son los factores de riesgo del TEA?

El TEA tiene un origen neurobiológico y multifactorial. Actualmente, se reconoce que existen distintos factores que pueden aumentar la probabilidad de presentar esta condición, entre ellos:

  • Un hermano o hermana con autismo.
  • Antecedentes parentales de esquizofrenia/psicosis o trastornos afectivos.
  • Edad materna mayor de 35 años.
  • Edad paterna mayor de 40 años.
  • Peso al nacer menor de 2,5 kg o nacer debajo de las 35 semanas.
  • Ingreso en una Unidad Neonatal de Cuidados Intensivos.
  • Dismorfias al nacer.
  • Género masculino.
  • Amenaza de aborto anterior a las 20 semanas.
  • Residir en una ciudad grande o capital. 

¿Cuáles son los síntomas del TEA?

Un niño, adolescente o adulto con TEA puede presentar diferencias o dificultades en la comunicación e interacción social, además de patrones conductuales específicos. Algunos signos frecuentes son:

  • No responder a su nombre en algunas ocasiones o parecer no escuchar.
  • Preferir actividades solitarias o tener dificultades para interactuar con otros.
  • Presentar poco contacto visual o dificultades para interpretar expresiones faciales y señales sociales.
  • Tener dificultades para iniciar o mantener conversaciones.
  • Hablar con un tono, ritmo o forma de expresión particular.
  • Presentar dificultades para expresar o reconocer emociones.
  • Desarrollar rutinas o rituales específicos y alterarse frente a cambios inesperados.
  • Mostrar intereses muy intensos o focalizados en determinados temas u objetos.
  • Realizar movimientos o conductas repetitivos.

Cada persona con TEA presenta características y necesidades distintas, por lo que los signos pueden variar ampliamente entre un individuo y otro.

¿Cómo se diagnostica el TEA?

El diagnóstico del TEA se realiza mediante una evaluación clínica integral basada en criterios diagnósticos internacionales. Esta evaluación considera:

  • Dificultades persistentes en la comunicación e interacción social.
  • Patrones restringidos y repetitivos de conductas, intereses o actividades.
  • Presencia de síntomas desde etapas tempranas del desarrollo.
  • Manifestaciones que no se expliquen mejor por discapacidad intelectual u otras condiciones del desarrollo.

Debido a la amplia variabilidad entre las personas con TEA, es fundamental realizar una evaluación individualizada. El reconocimiento precoz de señales de alerta permite orientar oportunamente los estudios, apoyos y derivaciones necesarias.

¿Qué tratamientos existen para el TEA?

La intervención temprana e intensiva puede favorecer significativamente el desarrollo, la comunicación, la autonomía y la calidad de vida de muchas personas.

Entre las alternativas terapéuticas se encuentran:

  • Terapias de comportamiento y comunicación: algunas intervenciones conductuales pueden ayudar a desarrollar nuevas habilidades y favorecer su aplicación en distintos contextos cotidianos.
  • Terapias educativas: programas realizados por equipos multidisciplinarios orientados a fortalecer habilidades sociales, comunicativas y conductuales.
  • Terapias familiares: ayudan a padres y cuidadores a desarrollar estrategias de interacción, comunicación y manejo de situaciones complejas en la vida diaria.

Según las necesidades de cada persona, también pueden indicarse:

  • Terapia del lenguaje o fonoaudiología: para fortalecer habilidades comunicativas.
  • Terapia ocupacional: orientada a promover autonomía y actividades de la vida diaria, en el caso de que haya alteraciones sensoriales.
  • Fisioterapia: para mejorar coordinación motora, equilibrio y movimiento.
  • Tratamiento farmacológico: algunos medicamentos pueden ayudar a controlar síntomas asociados, como ansiedad, irritabilidad, hiperactividad o dificultades del sueño.

¿Qué se espera del tratamiento del TEA?

El objetivo del tratamiento es favorecer el desarrollo integral, mejorar la calidad de vida y potenciar la autonomía de cada persona según sus necesidades individuales.

El diagnóstico e intervención temprana suelen generar un impacto positivo en el pronóstico y el desarrollo de cada paciente. Sin embargo, la evolución y el nivel de apoyo requerido pueden variar considerablemente entre una persona y otra.

¿Se puede prevenir el TEA?

Actualmente no existe una forma conocida de prevenir el TEA. Sin embargo, la detección temprana y la derivación oportuna permiten iniciar intervenciones y apoyos que pueden reducir el impacto de las dificultades y favorecer un mejor desarrollo y adaptación.

¿Qué especialista trata el TEA?

El tratamiento es integral y requiere el trabajo coordinado de un equipo multidisciplinario. En la mayoría de los casos, el manejo está encabezado por psiquiatras pediátricos y de adultos, apoyados por neurólogos, psicólogos, terapeutas ocupacionales y fonoaudiólogos. Cada profesional contribuye desde su especialidad al diagnóstico, contención familiar y orientación escolar, brindando un enfoque completo que abarca los aspectos médicos, emocionales y conductuales de cada paciente.

¿Dónde lo tratamos?

Psiquiatría Infantil y del Adolescente

La Unidad tiene el objetivo de evaluar, diagnosticar y tratar niños y adolescentes que presenten algún tipo de trastorno del desarrollo, ánimo, atención o conducta alimentaria, siempre con un enfoque humano y de acompañamiento constante con la familia.  El objetivo es ofrecer una atención efectiva, empática y de alta calidad.

Psiquiatría adultos

Esta Unidad aborda las necesidades de pacientes adultos con problemas de ansiedad, depresión, adicciones o cualquier tipo de enfermedad o trastorno mental con el objetivo de ofrecer espacios especializados para estabilización y diagnóstico.  Junto con el trabajo multidisciplinario de otras especialidades, para lograr cumplir con el mejor tratamiento personalizado para cada uno de los pacientes. 

Equipo médico

Dr. Sebastián Robert Barros

Psiquiatría General

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Dra. Andrea Aguirre Gajardo

Psiquiatría Infanto-Juvenil - Trastornos del Desarrollo - Trastornos de Ánimo y Ansiedad.

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Dra. Marcela Arriagada Arriagada

Psiquiatra Infanto Juvenil, Trastorno Déficit Atencional, Trastornos de Ánimo y Ansiedad, Trastornos del Desarrollo

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