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Insomnio

El insomnio corresponde a uno de los trastornos del sueño más habituales. Puede dificultar tanto la conciliación del sueño, es decir, el quedarse dormido, como el lograr mantener el sueño. También puede causar la interrupción del sueño y el no poder volver a dormir.

Existe dos tipos de insomnio. El insomnio agudo, que corresponde a cuando se da por corto plazo (menos de 1 mes) y, en general, relacionado a un evento estresante o trauma. Mientras que el insomnio crónico es el que dura varias semanas o más.

Al menos el 60% de los adultos en algún momento podría presentar insomnio.

Es dos veces más frecuente en mujeres que en hombres.

  • Dificultad para conciliar el sueño nocturno (quedarse dormido)
  • Interrupciones del sueño en la noche y no poder retomarlo
  • Sentir cansancio y sueño durante el día
  • Ansiedad
  • Irritabilidad
  • Depresión
  • Disminución del rendimiento escolar o laboral
  • Falta de concentración
  • Aumento de los descuidos o los accidentes
  • Estrés: los problemas son causa frecuente de un mal dormir, ya que no permiten descansar la mente y relajarse. Es habitual, por ejemplo, con problemas económicos, de salud, familiares, laborales, etc. Lo mismo puede ocurrir con el estrés postraumático.
  • Ansiedad.
  • Depresión.
  • Otros trastornos del sueño que despierten a la persona durante la noche.
  • Malos hábitos de sueño, que dificultan el quedarse dormido y el mantener el sueño, como el uso de pantallas hasta tarde, el sedentarismo, comer mucho y tarde, tener diferentes horarios para dormir, entre otros.
  • La edad: con el paso de los años, se suman factores que pueden incidir en la aparición de insomnio, como la baja en la actividad física, el consumo de medicamentos, despertarse fácilmente con estímulos externos, dormir siesta y el padecer algunas patologías.
  • Uso de ciertos medicamentos que pueden alterar el sueño, principalmente los que contienen cafeína.
  • Alteraciones en los horarios de sueño, ya sea por trabajos con turnos, cambio en las jornadas de trabajo y viajes.
  • Consumo de sustancias estimulantes como cafeína y tabaco, que dificultan el conciliar el sueño. Mientras que el alcohol si bien puede facilitar el quedarse dormido, perjudica la calidad de sueño, haciendo que la persona se despierte o no tenga un sueño reparador.

El principal tratamiento es la higiene del sueño que son una serie de hábitos saludables que permiten dormir mejor. Los medicamentos que inducen o prolongan el sueño deben ser indicados por un especialista dadas las complicaciones que podrían producir.