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Síndrome de Asperger

El síndrome de Asperger es una condición que forma parte del Trastorno del Espectro Autista pero de alto funcionamiento. No es una enfermedad.

Este síndrome se hace evidente cuando empiezan a interactuar con sus pares y se tratan de comunicar, con problemas de vinculación y muchas veces presentan un lenguaje diferente. En general, tiene pobre intención comunicativa, sólo cuentan cosas sin esperar respuesta del interlocutor. A partir de los tres años se hacen más notorias las dificultades del lenguaje y la comunicación.

Habitualmente, a los siete años se hacen más evidentes problemas en el ámbito social y conductual, con riesgo de sufrir bullying por su lenguaje e intereses diferentes.

El síndrome de Asperger se manifiesta con:

- Dificultad para relacionarse con otros niños: es la característica principal y se da desde la etapa preescolar. Por ejemplo, prefieren jugar solos.

- Lenguaje muy avanzado para la edad: usan palabras rebuscadas que los demás niños no entienden. Su lenguaje es muy concreto y literal.

- Tendencia a tener pensamientos obsesivos: se fijan por algunos gustos peculiares, por ejemplo, coleccionar dinosaurios o saberse el nombre de cada uno de ellos.

- Poca flexibilidad de pensamiento: les cuesta entender que las cosas pueden verse también desde otro punto de vista. Por lo mismo, les cuesta entender las bromas y muchas veces el lenguaje no verbal.

Se ha planteado es el síndrome de Asperger sería de causa genética, y que también tendrían un rol factores ambientales, los que generan cambios que pueden favorecer la expresión de algunos genes relacionados con el autismo (es lo que se conoce como epigenética), determinando que el patrón de herencia frecuentemente no sea desde familiares directos. Es decir, es frecuente la presencia de familiares de segundo grado con la condición.

Es fundamental ayudar a los niños a vinculares con sus pares desde la edad preescolar:

- Trabajar la empatía, estimulando a que miren a los ojos a las otras personas, reconozcan expresiones faciales y emociones de ellos mismos y de los otros.

- Llevarlos a parques, plazas, al jardín, para fomentar su interacción social.

- Trabajar habilidades de juego, por ejemplo, en etapa prescolar, en especial trabajar juego imaginativo y simbólico.

- Restringir las pantallas, ya que no favorecen el buen desarrollo de la comunicación y su uso prolongado puede afectar aún más el desempeño lingüístico y social. Se recomienda evitar la exposición a pantallas hasta los dos años de edad.

- Trabajar el lenguaje verbal y no verbal, conversando con los niños, mirándolos a los ojos.

El lenguaje es muy importante para un buen desempeño social, escolar y posteriormente laboral.

El desarrollo de la sociabilidad y el lenguaje tiene una etapa crítica en el cerebro, entre los dos y cinco años, tiempo valioso donde el cerebro del niño está mucho más sensible para aprender a sociabilizar, por lo que es cuando obtienen mejores resultados a largo plazo con las terapias.

Si bien no existe una terapia curativa para los trastornos del espectro autista, un tratamiento intensivo y temprano puede hacer una gran diferencia en la vida de muchos niños. Entre las opciones de tratamiento se encuentran las siguientes:

- Terapias familiares: esta enseña a los padres y otros familiares a jugar e interactuar con sus hijos para promover destrezas de interacción social, controlar comportamientos problemáticos y que les enseñen destrezas y formas de comunicación de la vida cotidiana.

- Terapia ocupacional, para aprender actividades de la vida diaria y desarrollo de juego compartido y simbólico. Además, trabajan el movimiento y el equilibrio.

- Fonoaudiología, con énfasis en el trabajo de la intensión comunicativa y el desarrollo de lenguaje no verbal.

- Tratamiento farmacológico: no existen medicamentos que mejoren los signos centrales del trastorno del espectro autista, pero algunos podrían ayudar a controlar algunos de los síntomas.

- Terapias de comportamiento y comunicación: un análisis conductual aplicado puede ayudar a los niños a aprender nuevas habilidades y generalizarlas a varias situaciones, aspecto que puede ser llevado a través de terapia cognitivo conductual impartido por el equipo de psicología infanto-juvenil.